24 sept. 2009

El golpe que rompió todo, menos la verdadera lucha popular


Por: Verònica Calvopiña P. (El Churo Comunicaciòn)

La situación política en Honduras iba desapareciendo de las portadas de los diarios y de los principales titulares de radio y televisión. Eran pocos los medios que informaban lo que sucedía en el día a día con la gente que pide el fin del golpe de Estado. Hasta que.. la sorpresiva llegada de Mel Zelaya, el presidente constitucional, hizo que el mundo vuelva sus ojos sobre este país centroamericano, uno de los más pobres de nuestra región.

Mel llegó con la esperanza de dialogar, de retornar al poder luego de casi tres meses del golpe. Pero su llegada significó también la vuelta de la feroz represión golpista. Una represión capaz de encarcelar gente en un estadio, de sacar a los heridos de los hospitales, de cortar la luz, el agua a ciudades enteras, incluida la misma Embajada brasileña donde se encuentra el Presidente Zelaya. Hablamos de una represión que utiliza los mismos métodos que las dictaduras que desangraron América Latina en los años 70, con Pinochet o Videla a la cabeza.

Como en otras ocasiones la juventud es el movimiento más contestatario contra el régimen golpista. Miles de jóvenes, estudiantes de colegios y universidades, salen y han permanecido en las calles durante los 88 días de resistencia. Esto les ha valido ser el blanco de golpes, torturas, detenciones arbitrarias e ilegales y hasta muertes. En estos tres días luego de la llegada de Zelaya, hasta las amas de casa han salido a exigir el regreso a la democracia. La gente se organiza en barricadas en los barrios y colonias de todo el país.

Los golpes que da el golpe de Estado no han hecho sino que la resistencia crezca. El golpe de Estado en Honduras rompió el orden constitucional pero no rompió la democracia. Esa democracia verdadera que construye la gente desde las calles.

Honduras espera que la comunidad internacional ayude a la restitución del gobierno legítimo de Zelaya. Mientras los discursos van y vienen en las Naciones Unidas, unos solidarizándose con el pueblo hondureño, otros como los EEUU tomando una posición de silencio y complicidad, hay un pueblo que está siendo violentado por una burguesía, por una docena de familias dueñas de los recursos del país, que no se han dado cuenta que el siglo XXI, es el siglo donde se está construyendo otro mundo posible.

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